El pasado 27 de noviembre, a días de cumplirse un aniversario de tu partida, referentes de la “Agrupación IPLyC”, se hicieron presentes para rendirte un justo homenaje, sencillo como fue tu vida. En la oportunidad se colocó una placa recordatoria que sintetiza tu persona, comprometida, militante, ejemplo de humildad.
Fue una ocasión propicia para resaltar aquellos rasgos que definieron tu paso por la vida. Seguramente, como cualquiera de nosotros, amaste y buscaste amor, tuviste anhelos y concreciones, ocupaste un lugar en la estructura política de la provincia, habrás recibido elogios y también conociste la ingratitud y el olvido.
Al final de tu existencia, experimentaste ese sabor incomparable que brinda el fruto de la verdadera amistad. Fueron muy pocos, tal vez sobren los dedos de una mano para nombrarlos, pero fueron tus amigos del alma que como tales llegaron cuando los demás se han ido. Ellos te rescataron, te extendieron sus manos y te brindaron contención.
Y devolviste con creces, con tu pasión militante hasta el último día.
Tu mayor virtud fue la prudencia, la más excelsa de los hombres, por eso te fuiste sin siquiera avisar –sin “molestar” a nadie-… sorprendida supo tu alma que un paso atrás se le quedó la vida.
Hoy ya esencializado, pasaste a formar parte de nuestras anécdotas e historias, ejemplo para quienes seguimos creyendo que la política es el hecho humano que permite su dignificación y hace realidad el bien común. Rememorando el pasado, por un mañana mejor y de pie en el presente para seguir creciendo más, creciendo en paz, que es cumplir tu último deseo.
Aurelio Vicario


